Un sitio en el mundo
Siempre se ha dicho que "en España todo el mundo sabe de fútbol y política". Quizás vaya siendo hora de actualizar el acerbo popular y añadamos la muletilla: "y de arquitectura". Los periódicos aparecen salpicados a diario de declaraciones de alcaldes doctos en materias de urbanismo "y arquitectura". El efecto Guggenheim ha calado hondo en sus subconscientes y están dispuestos a empeñar sus arcas por poseer el edificio más moderno, el más impactante, el más "lo que sea" en su término municipal.
El edificio o conjunto de edificios, porque Villaconejos de
Arriba ya tiene uno y nosotros no vamos a ser menos. Nosotros, dos. O una ciudad
entera. Santiago de Compostela acogerá la "Ciudad de la Cultura", Valencia la
"Ciudad de las Artes y las Ciencias", Barcelona lo hizo con el "Forum de las Culturas"… Cuando ya no
queden motivos para levantar este tipo de ciudades, se empezará a vislumbrar
otro horizonte.
El actual es desesperanzador. De los concursos de
arquitectura se ha pasado a los "concursos sorpresa". Sin programa, –casi- sin
límite de presupuesto y, por supuesto, por restringidísima invitación. Así
calificaban la Junta de Andalucía y los empresarios turísticos de la Costa del
Sol su expectación ante el lanzamiento de un concurso para el Plan Qualifica:
"No sabemos qué nos van a presentar, sólo queremos que tenga un gran impacto
para que la gente venga a verlo". Da igual si es un evento o se materializa en
algo más tangible. Málaga quiere un símbolo que catapulte su imagen en el
mundo. Las incidencias, que inevitablemente surgirán, se resolverán sobre la
marcha.
El Ayuntamiento de Madrid lanzaba hace unas semanas un
concurso para un mercado en Sanchinarro bajo la premisa de "queremos un ejemplo
de arquitectura singular". El alcalde de Alicante improvisaba en una rueda de
prensa sobre la remodelación del estadio José Rico Pérez: unas torres de 120 metros por aquí, un
hotel por allá, cuarto y mitad de comercios y un puñado de restaurantes…
"Madrid y Valencia tienen sus torres y yo no me opongo", oiga. De esos
proyectos y sus resultados empezaremos a leer noticias en poco tiempo. Ahora
son Valencia y Santiago el epicentro del histerismo de la política de
inversiones.
La Ciudad de la Cultura (CdC) ha dado sobradas muestras de
en qué puede desembocar un estudio económico improvisado a ritmo de muñeira.
Improvisado por inexistente. Intentando solventar el inconveniente de que todos
los años no pudieran ser jacobeos, Santiago de Compostela necesitaba otro
reclamo turístico, y nada mejor que un macroproyecto de repercusión mundial
para recuperar a los peregrinos perdidos. Manuel Fraga se preguntaba en
Extremadura, en unos de los primeros mítines de la democracia, "para qué
querían los extremeños una Universidad". Tal vez si se hubiera parado a pensar que
la tradición operística de Santiago debe andarle a la zaga a la de Angola, el
desvío presupuestario de la CdC no hubiera llegado al 300%, y los presupuestos
gallegos destinados cultura y deporte (184
millones de €) no se verían comprometidos en casi un 30% anualmente sólo para
su mantenimiento (casi 55 millones de €). Pero todo era para mayor loa del que
manejaba la caja y "lo del presupuesto", era un puro trámite administrativo.
Por otra parte, la Ciudad de las Artes y las Ciencias
(CACSA) acumula ya un desfase del 260%,
y numerosas críticas en lo referente a su funcionalidad –aunque eso sea harina
de otro costal-. En los más de 220 millones "distraídos" no está incluida la
cimentación que llegó a ejecutarse para una propuesta anterior y que fue
desechada. Una cifra –la de la cimentación- de la que todo el mundo conoce su
existencia pero nadie su cuantía. Pero todo es poco cuando "se trata de
dignificar la ordinariez de la periferia, para hacer soñar a la gente que vive
en sitios mejores". (palabras de Santiago Calatrava en El País). Efectivamente,
entre tener una vivienda de 90 metros
cuadrados o un zulo con vistas al Palau, es mucho más
edificante lo segundo. Y tal vez por
eso, para seguir haciendo de los valencianos los españoles con las periferias
más dignas, la alcaldesa solicita este año, además de los 409 millones de euros
que le corresponden en materia de inversión, otros 866,9 más en concepto de "valencianía".
Recuerda a aquella canción de "españolear" pero en versión autonómica.
Pero, ¿esto es hacer ciudad?
Juan Bollaín, arquitecto y cineasta, fantaseaba críticamente
en el corto "Sevilla 2030"
con el nombramiento de la capital andaluza como "Ciudad del Hombre y Primer
Modelo Mundial de Ciudad" por parte de Luanda. Sevilla ha hecho del turismo su
principal fuente de ingresos, y las primeras imágenes muestran una ciudad
copada de iconos arquitectónicos: una copia de la Torre Eiffel, otra del Taj
Mahal... Con ironía desmedida intenta explicar qué significa hacer ciudad. Y hacer ciudad es más que
coleccionar hitos o, abundando en la idea, tiene poco que ver con ello. "Oiga,
tenemos Isozakis, Calatravas, Legorretas… y todo incluido en un solo billete de
avión". El mismo Gehry, al ver su Guggy rodeado de otros tantos iconos del
star-system comenta con sorna: "somos amigos, somos compañeros y a ninguno nos
gusta la obra de los demás."
Poco importa el batiburrillo final si a quien paga los
honorarios le salen las cuentas en concepto de visitas recibidas. Poco importa
que el perfil de las ciudades españolas –y mundiales- se unifiquen hasta el
punto de convertirse en idénticas. Poco importa que el presupuesto engorde
siguiendo una función exponencial. La Administración Pública, esa que "somos
todos", maquillará las sonrojantes cifras desviadas como acostumbra: acorralará
al arquitecto y a la dirección técnica y después empezará a repetir el mantra
de las indefiniciones técnicas ad infinitum, hasta que el oído del
contribuyente sólo sea capaz de recordar: "es que al arquitecto se le fue de
las manos, es que el arquitecto no tenía ni idea, es que… es que…". Pero se nos
olvida que esas indefiniciones técnicas no eran importantes cuando sólo había prisas
para conseguir el tan ansiado impacto, y además, los políticos nunca tienen
responsabilidades en materia de arquitectura.
Conseguir un sitio en el mundo -en las revistas de viajes al
fin y al cabo- es muy caro, sobre todo para los ciudadanos de a pie, que
pierden miles de millones de euros susceptibles de ser utilizados en, pongamos
por ejemplo ¿vivienda protegida?, ¿sanidad?, ¿una oferta cultural aceptable sin
tener que desplazarse a otra ciudad?, por un deseo incontrolable de proyección
internacional y exaltación del propio ego del que encarga que, en algunos casos,
no acaba respondiendo a las expectativas creadas. El traje nuevo del emperador
encandila y ciega a partes iguales y reduce la sostenibilidad de la
arquitectura al interior de los despachos de los ayuntamientos. El único sitio
donde parece que siempre cuadran las cuentas.
Ah, ¡y tonto el último!.
(Esta entrada se publica también en soitu.es)





Yo lo del Gehry no lo entiendo. La última cagada arquitectónica que le he visto, y sólo puede llamarse así porque es una defecación en toda regla, es el Guggenheim que se va a montar en Abu Dhabi. Es como una tarta deconstruida con virutas de chocolate azul.....SI FRANK LLOYD WRIGHT levantara la cabeza!!!!
Publicado por: shinitoarriquitaunvenidoamas | 31/10/07 a las 9:59
Genial. Un retrato magnifico de lo que son, o se están convirtiendo, nuestras ciudades. Lo peor es que esta "moda" de la arquitectura ni siquiera repercute en arquitectos jóvenes y locales. Que digo yo que si al menos esto fuese en beneficio de que nuevos arquitectos tuviesen nuevas oportunidades... pero que va, ni eso, todo lo mismo y de los mismos. Con el tiempo los despachos de arquitectura se convertirán en ikeas o parecidos, con un catalogo de edificios que tu mismo podrás montar con un módico precio ¡y entre semana aun mas barato!
Publicado por: hans brinker | 31/10/07 a las 10:12
Cuando busquemos encargos, cuando los recibamos, cuando concursemos, recordemos bien lo de "hacer ciudad". A ver que sale. Y a ver si llegamos a cobrar algo.
Vuelvo a lo de siempre: el cambio está en lo que finalmente hacemos, dibujamos, visamos, certificamos. No en los discursos inflamados.
Mientras solo tengamos suspiros para las grandes "arquitecturas" y no una mirada angustiosa para el entorno que nos da (o daba) de comer, poca cosa va a cambiar.
Que somos profesionales, y responsables mas allá de lo civil y de lo penal.
Publicado por: y | 31/10/07 a las 10:38
buena información, me ha gustado el sitio.
saludos desde veracruz, méxico.
Publicado por: ernesto morosini | 31/10/07 a las 21:20
Sigo pensando que uno es responsable de la cama en la que se mete, y de con quien se acuesta.
Me recuerda tu post sobre Pablo Escobar. Al menos con Pablo Escobar no habia dudas de la catadura del cliente.
Lo malo es que:
Cuando se leen determinados pliegos de determinados concursos.
Cuando se presenta uno a un concurso "Doble Via" a los que la Junta de Manololandia (Antes Andalucia) se esta acostumbrando tanto.
Cuando se mira un programa que no hay por donde agarrarlo.
Cuando s even presupuestos de obra publica que llegan malamente a unos mas que insuficientes 800 €/m2 (Modulo estandar andaluz).
Cuando se hacen tantas cosas, al final uno se da cuenta de que Pablo Escobar vive, y resulta que es concejal o consejero o incluso ministro de Kultura (con K). Asi que si trabajas para Pablo Escobar y lo haces voluntariamente, ya sabes por donde te van a venir los tiros.
No justifica esto que la administracion sea el Cartel de Medellin pero en tonto (Al menos el Cartel hacia dinero). Pero tampoco podemos honradamente ponernos dignosy propios y achacar todas las culpas a la casta politica cuando nos hemos ido con ellos a la cama, aun a sabiendas de como estaba el patio.
Por otra parte estoy de acuerdo en que la arquitectura, tristemente, es el nuevo Rock And Roll (Cosmopolitan dixit), y no se hasta que punto eso nos beneficia o nos deja con el culo al aire, como en tantas ocasiones.
Publicado por: ASHCRAFT | 07/11/07 a las 12:29