madrid

21/02/08

Recuerdos y desacuerdos

Cuando entré en la escuela, paseábamos entre admirados y curiosos por los larguisimos pasillos donde se exponían los fines de carrera. Recuerdo con claridad que los proyectos eran casi todos “Fullaondistas”. Del modelo “choque de trenes” con alzados muy deconstruidos y plantas que mezclaban un grafismo a-la-Zaha con esquemas Bernard Tschumi Style.


Recuerdo que según avanzaba, parecía dominar cierta tendencia Campista. Cubos, cajas, cubos dentro de cajas, cajas cúbicas, cubos cájicos…. Lo mismo ocurría en otras cátedras, y recuerdo que había una cierta evolución natural… De los “Pepes” (o cualquiera de los profesores de su cátedra, sin catedrático entonces) a Campo, de Campo a Cabrero…


Recuerdo que nos arrodillábamos serviles ante Tadao Ando. Recuerdo una conferencia multitudinaria en el Pabellón León XII, donde, con su publicista al lado, nos contó que su perro se llamaba Le Corbusier (interpreten ustedes).


Recuerdo que hubo, justo después la anterior, una conferencia del bailador de minuetos. Recuerdo que nos enseñaba sus esculturas y luego sus puentes. Acababa de terminar el del alamillo, y ya parecía desproporcionado. Recuerdo que me pareció inconsistente. Me alegra saber que en algo no he cambiado en estos años.


Recuerdo una exposición en la arquería de nuevos ministerios sobre Tadao. El póster era horrible. Las maquetas tremendas. Recuerdo que nos preguntábamos por que narices aparecían tantos huevos y tantas elipses en los proyectos, pero claro, aun no conocíamos a Kazuyo (su primer croquis era un numero doble, delgadito, delgadito) y a Sigeru.


Recuerdo también que un poco después se publico SMLXL. Tengo memoria de que en un principio no lo compro ni el tato. Se notaba la diferencia entre los que lo compramos muy al principio y el resto, por que los nuestros tenían las letras amarillas y los demás naranjas. (qué clasistas éramos, vive dios, que ignorante es la inocencia) (posteriormente algunas ediciones las tienen moradas o incluso azules).


Recuerdo leer “Quien teme al Bauhaus Feroz”. Recuerdo empezar a cuestionarme cosas que hasta entonces bebía como ambrosía de los dioses.


Recuerdo el concurso del Prado. Recuerdo que me gustaba más la propuesta de Matos y Martínez Castillo. Recuerdo que Foster se retiro. También recuerdo el concurso de la fabrica de El Águila, y que fue la primera vez que oí hablar de Tuñón y Mansilla, que luego me darían clase.


Recuerdo una conferencia de Foster, justo antes del concurso de Barajas. Recuerdo que salimos flotantes y ojiplaticos (éramos muy impresionables). Supongo que era más la forma que el fondo. Foster nos traía el King Kong de Peter Jackson, y hasta ahora solo habíamos visto el de Dino de Laurentiis.


Recuerdo una corrección en clase de Campo con Julio Cano Lasso. Recuerdo que me impresiono la persona y el arquitecto. También que estaba Izaskun Chinchilla de alumna.


Recuerdo el Guggenheim en construcción. Recuerdo que hasta entonces Gehry era prácticamente innombrable en la escuela y que nos producía cierta gracia aquella puerta con los prismáticos y un interés relativo su casa de California. Nada que hiciera presagiar lo que vino después.


Recuerdo que hubo una época en que no sabíamos muy bien a que carta quedarnos en la escuela. Perea estuvo de moda. Pero se trabajaba hasta agosto. Soriano podía llegar a ser críptico, pero empezaba a sonar con fuerza gracias a Euskalduna. Abalos y Herreros sonaban a detalles constructivos. Ballesteros era divertido y liberador, lúdico si me permiten, casi como ver “Agarralo como puedas” después de una sesión de cine Irani de 8 horas. También resultaba a veces peligrosamente excesivo. Recuerdo que nos contó que estaba preparando una revista y que se iba a llamar “Pasajes”. Si no recuerdo mal, no le gustaba mucho el nombre.


Recuerdo que mi primer proyecto a ordenador fue el fin de carrera. Recuerdo que quedarse sin 0,1's (cerounos) la noche antes de la entrega era un drama. Recuerdo las aguadas, la tinta sepia, los rayadores y el eterno cangrejo Leroy (que ahora se vende como objeto de colección). Recuerdo la papeleria Sancer y la reprogafia Faster (que no hacia honor a su nombre...)


Recuerdo que muy al final, se empezaba a hablar del “proceso”. Se empezaban a ver planos llenos de esquemitas.


Recuerdo que mi tutor de PFC fue Álvaro Soto. Recuerdo que ha sido de mis mejores profesores, y que aprendí cosas que aun hoy forman parte de lo que hago, o mejor, de cómo lo hago. Recuerdo que entregue el primero de mi convocatoria, cosa que no queria, porque me equivoque de hora.


Recuerdo estar la mañana que salian las listas de PFC tumbado en el cesped del Museo de Arte Contemporaneo (hoy del traje), viendo a unas bailarinas con tutú hacer barra, mientras esperabamos bebiendo unas cervezas y fumando nerviosamente. Recuerdo que la situacion era como de pelicula de David Lynch, epoca "Blue velvet".


Recuerdo aprobar.


Cuando he vuelto después a la escuela, he visto los fines de carrera como hacia con 18 años. Ya no hay choques de trenes. Pero hay blobs, y nurbs, y torres con la cabeza inclinada y proyectos viruta y espagueti y procesos. Y quizá todo es cíclico y nada es verdad ni mentira, y quizá alguien mas joven que yo pueda enlazar aquí y recordar también.

07/10/07

Scenario Gran Via

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Foto: Catalá Roca

En 1907 se publicaba el proyecto de una gran avenida que convirtiese a Madrid en una capital europea. En 1910, el rey Alfonso XIII, armado con una piqueta de oro, daba el primer golpe para la demolición de aquel barrio pobre y canalla y la simultánea construcción de una "calle para el siglo XX". Unos años antes, la zarzuela La Gran Vía, de Chueca y Valverde, recogía la oposición del pueblo de Madrid a las ínfulas urbanísticas de la oligarquía. Cien años más tarde, la Gran Vía de Madrid vuelve a aglutinar todas las formas de la canallesca y el comercio popular. Se cierra el círculo.

Con ocasión de la celebración de este centenario se estrena hoy en el cine Capitol, en sesión única de matinée, un documental trepidante que narra lo que ha ido ocurriendo en esa gran calle, con infinidad de imágenes de archivo, muchas de ellas inéditas, montadas a partir de la mirada personal, crítica e irónica del guionista y realizador Rafael Zarza Ballugera.

21/08/07

Los viejos rascacielos se vacían

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Durante décadas, hasta 3.500 personas diarias cruzaron el vestíbulo del Edificio España, en el lateral del eje Gran Vía-Princesa rumbo a sus apartamentos (200) o a sus oficinas (400). Pero la entrada de mármol lleva dos años sin bullicio.

El antiguo propietario de este inmueble, la compañía Metrovacesa, lo vendió en junio de 2005 por 277,2 millones de euros, excluido el hotel Crowne Plaza que comparte fachada con la entrada principal. Lo adquirió el Fondo Santander Central Hispano Banif. En la entidad financiera no concretan qué futuro tendrán sus 28 plantas. "Nuevas oficinas o apartamentos para alquilar. Aún no está decidido", explican.

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