opinión

10/03/08

Frustración y asco en Las Vegas

He leído el articulo publicado por el profesor Boned Purkiss sobre los concursos de arquitectura en Soitu, dado mi habitual escepticismo y dado que ya se me ha pasado el puente-glow, voy a discrepar, amigablemente, con el profesor que, a mi modo de ver, tiene una ensalada de las de aliñar con un machete y un tridente.


Dejaré de lado que le niego la mayor sobre Corrales. Cuando el excelso José Antonio ganaba concursos a cascoporro, había en España cuatro arquitectos en guerrilla. No creo que se presentaran 500 a cada concurso, algunos con un ejército de mano de obra gratuita-estudiantil encastrada en el estudio. Por otra parte, conocida es la leyenda urbana de que algunas estrellas de relumbrón “enmascaraban” su nombre para ponerse tibios de hacer bloques más o menos alimenticios. (Por ejemplo en mi caso Jose M. Echarte R., pasaría a ser J. Maria E. Ramos).


Empezaré por el titulo, “¿Hay que creer en los concursos de arquitectura?”. Esto es como preguntar si hay que creer en la democracia. Repito lo que ya dije en su día, es el único sistema serio. Vuelvo a Churchill, es el peor de los sistemas, con excepción de todos los demás. Me acerco ahora tangencialmente a Wilde, que haya concursos aunque algunos sean vergonzosos y vergonzantes.


Por otra parte debo discrepar sobre los motivos que dividen actividad privada y pública. No se trata de que los compañeros que se dedican al trabajo privado desprecien los concursos por que “no se fíen” de los jurados. Se trata de que ni los tienen en consideración. Se trata simplemente de una cuestión de rentabilidad. El trabajo privado presenta una rentabilidad inmediata y mucho más alta. El público, si la estadística no falla y se gana uno de cada diez (que no es mala media), supone un mayor esfuerzo no retribuido. A cambio ofrece (casi siempre, ojo) una mayor libertad y un mayor control sobre el proyecto y la obra. Por otra parte el privado se mueve con las fluctuaciones del mercado (ver época actual) mientras que el público puede mantenerse con más facilidad, o digamos mejor con la misma dificultad, en épocas de bajada de la inversión privada. Nada que ver por tanto con un juicio moral sobre los jurados, sino más bien con la pura y dura economía.


El profesor Boned, hace referencia a los concursos de múltiples formatos que existen. Llamémoslos concursos por costumbre, por uso consuetudinario si ustedes quieren, pero los concursos por invitación, o los de doble vía, incluso los de proyecto y obra, no son estrictamente concursos. Son otra cosa. Asignaciones digitales, asignaciones digitales camufladas o intentos de ahorrarse tres meses en una adjudicación (único motivo de la existencia de los “proyecto y obra” en los que se pone a la zorra a cuidar a las gallinas). No creo que den cabida a un variado espectro de profesionales. Se la dan a los mismos. A menos que por espectro entendamos, los enchufados, los que no, los que tienen el carné que toca en ese momento, los que han militado (ni piensan) en su vida, o los que son maestros del fino arte de estar siempre delante del dedo regio y selector de nuestros políticos.


Si embargo, donde el profesor Boned se mete en un jardín de proporciones amazónicas, donde se va de safari a la jungla con Ray Charles como guía es cuando sin ningún miedo afirma que:

Parece que el sistema de adjudicación evoluciona hacia el concurso restringido. […]. Lo que se pretende en principio con este tipo de competiciones entre arquitectos de prestigio está muy claro: la Administración no está dispuesta a arriesgar ni a realizar pruebas y ensayos con los fondos públicos. Lo evita basándose en una acreditada calidad previa de los concursantes, a través de una auténtica y rigurosa criba, confiando así en asegurar un resultado arquitectónico política y económicamente correcto, que será llevado a buen fin por el incuestionable hecho de la solvencia profesional de la firma.


Pero hombre de Dios. Donde ha estado usted metido estos últimos años. La administración, SIEMPRE, esta dispuesta a arriesgar, a realizar pruebas y ensayar con los fondos públicos y, en otras palabras, a gastarlos como si fueran el dinero del monopoly. La administración tiene un master en “Gasto descontrolado”. Un doctorado en “Obras suntuarias y desvíos de presupuesto”. Lo que pretende la administración es simplemente, hacerse la foto. No evita ningún tipo de riesgo. Y sobre todo, hablar de auténtica y rigurosa criba, en un concurso que, no nos engañemos, es “a dedo”, suena a tango porteño.


Estimado compañero, mírese esto y tiemble, después de haber llorado. O reído según se mire, que la cosa no deja de ser de un humor negro que haría temblar al mismísimo Hitchcock. La administración esta dispuesta a pagar autenticas pastizaras a estrellas de relumbrón mediático, sin tener muy claro lo que quiere, sólo porque es lo que han leído en un dominical o en cualquiera de las otras fuentes de conocida solvencia de las que beben nuestros doctos próceres. Si pagar una morterada por UN SOLO proyecto, sin poder elegir, cuando por coste cero (y mucho menos en honorarios) podrían tener 200 propuestas, es no estar dispuesto a arriesgar, que baje el fantasma de Keynes y lo vea.


Por otra parte me parece curioso que el triple filo de este tipo de (ejem) concursos, sea para el profesor el estado psicológico de aquellos no seleccionados o su perdida de prestigio (pobrecitos ellos), o la indolencia de aquellos agraciados por la designación áurea de nuestros políticos.


No me imagino yo a Rem Koolhas, o a sir Norman en plan la Zarzamora, llora que llora, por no haber sido seleccionados, al igual que tampoco me los imagino tirados a la bartola al grito de “ya esta todo hecho”. Tampoco creo que afecte excesivamente a su ya amplia cartera de clientes, ni que nadie les ponga el estigma de “No Seleccionados”, por que, si ellos llevan el estigma, yo por ejemplo (que no tengo una mala media, creo) debo ser una llaga humana.


Sin embargo lo preocupante es que estos sean los filos que le ve al asunto. ¿Qué me dice de lo caciquil del sistema? ¿Del tufo a bienvenido Mr. Marshall que destila, con discurso de Pepe Isbert en el balcón de la alcaldía incluido? ¿Qué me cuenta de la desvergüenza de pagar hasta un 20% en honorarios en un alarde de paletismo rancio cuando lo normal en este país es un 4% (y eso dando gracias)? ¿Qué de la sensación de que nuestros políticos están comprando libros por kilos para llenar estanterías aunque sean de Danielle Steel mientras tengan buen lomo? ¿Qué de la absoluta falta de transparencia que suele envolver todos estos procedimientos?


No creo que el sistema de concursos genere ningún escepticismo. Repito, los concursos restringidos son una farándula, un show, una forma de salir en los periódicos pero no son, para mi, concursos. Respecto a la frustración, no creo que se pueda comparar la de los pobres invitados y sus estigmas de “no seleccionados” con la que me produce a mi leer esto. Frustración y algo de asco oiga, que quiere que le diga.

08/02/08

Geografía artificial

Cuando en una sociedad próspera no existe distinción entre el lujo y la necesidad, y la experiencia adquirida en distintas áreas de conocimiento se combinan con ciencias complejas, estamos inmersos en un proceso de metarracionalismo.

Tenoch

Esta teoría, desarrollada por el economista James Galbraith está presente en todos los proyectos que apuestan actualmente por ganarle terreno al mar. Nada novedoso a priori, ya que las islas artificiales suponen una vuelta a tipologías tan antiguas como los crannogs del Neolítico o el Nan Madol micronesio. Defensivos unos, rituales otros, y ambos exhibición de poder. Los aztecas también fundaron Tenochtitlán sobre un grupo de islas en el siglo XIV (en la imagen). Japón recurrió a ellas en el XVII para paliar su falta de suelo y en el XIX para protegerse de ataques vía marítima (Odaiba) y a finales del XX fueron las soluciones más costosas de la historia al convertirse en la ubicación idónea de nuevos aeropuertos por todo mundo. Sin embargo las necesidades -y los necesitados- que impulsan las nuevas propuestas obedecen a motivos muy diferentes.

Vicente Guallart en el DMAA define las ciudades-isla como la reacción activa ante una megaciudad formada o en proceso de formación. Dubai y Abu Dhabi son dos ejemplos de ello. Los Emiratos Árabes, conscientes del fin del petrodólar, llevan tiempo diversificando sus fuentes de inversión. El turismo cultural de gran lujo, objetivo principal, modifica velozmente sus skylines con hoteles de siete estrellas y franquicias de todos los grandes museos (Louvre TM y Guggenheim TM).

El metarracionalista, en el deseo de perpetuarse en la exclusividad, practica sus actividades favoritas -consumir y elevar a la categoría de galerías de arte los sanctasanctórum de las grandes marcas del mundo capitalista-, en complejos turísticos como Palm Islands, o The World. Las cifras del primero marean: 1.200 € millones, 80 millones de metros cúbicos de tierra dragados, 520 km de playas, 10.000 viviendas, 60 hoteles y centenares de edificios culturales, todo ello joyas de un collar –en palabras de Gehry- que los políticos locales desean y tendrán a bien engarzar. Las del segundo no tienen nada que envidiar, sobre todo en lo que a precios se refiere (entre 15 y 45 millones de $), aunque eso no ha impedido que ya se hayan vendido un 94% de las 300 islas del peculiar mapamundi, una suerte de miniciudades privadas.

Sin embargo, aunque estos ejemplos pudieran parecer un occidentalizante modelo de colonización ideológica –más sutil que una guerra- cada día aparecen propuestas más lejos de allí, promovidas por ciudades sin dirección, sin capacidad de renovación (que también menciona Guallart) y cuyos autores, no pudiendo apropiarse del discurso del Pérsico, recurren a originales piruetas dialécticas para justificar su razón de ser. Resulta difícil admitir que Isla Luna (Valencia) le gane 2 millones de metros cuadrados al mar –con un coste de 5.000 € millones- para construir vivienda protegida -entre otros equipamientos- cuando las características principales de estos complejos son el ombliguismo, la privacidad y la ausencia de espacios públicos.

Isla_luna

Algo menos jocoso es el argumento de Isla Tulipan (14.000 $ millones), frente a la costa holandesa, que se dedicaría principalmente a la agricultura, aunque Joop Atsma, político local y su mayor defensor, se pregunte en el parlamento si no sería fantástico que se reconociera a Holanda desde el cielo viendo un tulipán (sic). A pesar de que se han considerado aspectos como su autosuficiencia energética, el hecho de que proteja a la costa de los envites del mar del Norte, y que resuelva los problemas de suelo que acentuará el cambio climático –poblándola a largo plazo con unas 200.000 personas-, no cuenta con el beneplácito de los ecologistas, que además de considerarlo un despilfarro, preven consecuencias graves para el ecosistema.

Pero la metáfora mas atrevida, por lo simple, es Panamarina Pacific (2.500 $ millones, 4 millones de metros cuadrados) que, de la mano de un consorcio español, pretende construir en la costa pacífica de Panamá una isla con la forma de la bandera del país. Ledoux al menos tenía gracia. A rebufo de éstos proyectos y al calor de los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 hace pocos días ha aparecido en los medios la última bufonada, un miniarchipiélago de 10 islas que recreará el mapa de Rusia frente a la isla de Sochi y que servirá de alojamiento a los deportistas.

El fin de una era

Aunque formalmente estos proyectos responden a metáforas naïf y sus costes se sitúan en las antípodas de la sostenibilidad, cuentan con el mecenazgo de las castas dueñas del petróleo y el empuje  de empresas especializadas en este tipo de construcciones como Nakhell o Van Oord que han desarrollado costosísimas tecnologías que pretenden seguir explotando.

Otros factores como la desaceleración experimentada por el sector de la construcción en España está llevando a muchos profesionales a abrir oficinas en países con economías emergentes como China o los Emiratos Árabes, aunque la inercia especuladora –y los beneficios obtenidos por las constructoras en los últimos años- permiten diversificar estas localizaciones, siendo bastante habitual encontrar promotores españoles en Centro América, Brasil o Europa del Este.

Cada vez son más las voces que apuntan al fin de una era, la de la arquitectura(urbanismo)-espectáculo, la mediática, y estas imágenes no son más que los últimos coletazos antes de dar el paso definitivo hacia la arquitectura sostenible.

Cuanto antes, mejor: los cartógrafos son rápidos pero mi cerebro no tanto.


 

Esta entrada se publica simultáneamente en soitu.es

 

13/12/07

Arquitectura alimenticia

Esta semana nos hemos desayunado con manojos de pintorescos proyectos por doquier. Proyectos que suelen provocar dos tipos de reacciones: incredulidad –por lo mareante de las cifras- o un tímido entusiasmo -por el secreto deseo de abandono del lugar que ha quedado al margen del desarrollo-.

A estas alturas de la película, España 2007, no parece cuestionable el hecho de que una ciudad o una región intente situarse en el mundo procurándose inversores, generando trabajo, industria, gastos, beneficios. Money makes the world go round. A todas luces unas pretensiones lícitas. Lo que cuesta más obviar es el “producto arquitectónico” con el que pretende llevarse a cabo.

Isla Luna”, “El Manhattan de Cullera”, “Spyland in Los Monegros”, “Marina D’or”. La arquitectura es el nuevo “rock & roll”, oh yeah. Pero ante semejantes imágenes uno no puede más que preguntarse quién demonios está detrás. Si lo más personal de uno mismo es su propio ADN, lo más personal de un arquitecto es su propia obra. Un proyecto arquitectónico habla de su autor. Y de su promotor. Y de la cultura y la relación entre ambos.
Estas imágenes no transmiten cultura alguna. Son cutres, horteras. ¿De verdad no hay una manera más digna de enfrentarse a lo que supone –de partida- cualquier proyecto: "ilusión"? ¿Esto es todo a lo que puede aspirarse? ¿Esto es lo que “demanda la sociedad”?.

Spyland

A menudo se piensa en los arquitectos como profesionales endogámicos, bohemios ombliguistas que trabajan 26 horas al día y sueñan en formato *.*dwg. Siempre tienen un plano que terminar, un detalle que definir mejor. No hay tiempo para transmitir conocimiento alguno a la sociedad. No hay una cultura arquitectónica básica, como sí la hay por ejemplo médica. Ante determinados síntomas, sin medicación mediante, la gente sabe qué actitud adoptar. Ante determinados bodrios la gente no sabe posicionarse, no sabe si lo que tiene delante es bonito, feo, bueno, malo o regular.

Tal vez ese sea el motivo -que la profesión te coma la vida que decía un profesor- por el que hay tan pocos arquitectos en la escena política -tal vez nada más en las antípodas del espíritu de un arquitecto-. Nos merecemos como profesionales estos renders por delegar las decisiones que atañen a la ARQUITECTURA en manos de gentes cuyo “gusto” arquitectónico no difiere mucho del gastronómico –me gusta, no me gusta-, que decía Antonio Miranda. Y siguiendo con él, si el pescado está podrido, juzgar ese hecho como comensal, es combatir la barbarie, la estupidez, la petulancia, y sobre todo la superstición estética. Y este, apesta.

31/10/07

Un sitio en el mundo

Siempre se ha dicho que "en España todo el mundo sabe de fútbol y política". Quizás vaya siendo hora de actualizar el acerbo popular y añadamos la muletilla: "y de arquitectura". Los periódicos aparecen salpicados a diario de declaraciones de alcaldes doctos en materias de urbanismo "y arquitectura". El efecto Guggenheim ha calado hondo en sus subconscientes y están dispuestos a empeñar sus arcas por poseer el edificio más moderno, el más impactante, el más "lo que sea" en su término municipal.

El edificio o conjunto de edificios, porque Villaconejos de Arriba ya tiene uno y nosotros no vamos a ser menos. Nosotros, dos. O una ciudad entera. Santiago de Compostela acogerá la "Ciudad de la Cultura", Valencia la "Ciudad de las Artes y las Ciencias", Barcelona lo hizo con el "Forum de las Culturas"… Cuando ya no queden motivos para levantar este tipo de ciudades, se empezará a vislumbrar otro horizonte.

El actual es desesperanzador. De los concursos de arquitectura se ha pasado a los "concursos sorpresa". Sin programa, –casi- sin límite de presupuesto y, por supuesto, por restringidísima invitación. Así calificaban la Junta de Andalucía y los empresarios turísticos de la Costa del Sol su expectación ante el lanzamiento de un concurso para el Plan Qualifica: "No sabemos qué nos van a presentar, sólo queremos que tenga un gran impacto para que la gente venga a verlo". Da igual si es un evento o se materializa en algo más tangible. Málaga quiere un símbolo que catapulte su imagen en el mundo. Las incidencias, que inevitablemente surgirán, se resolverán sobre la marcha.

El Ayuntamiento de Madrid lanzaba hace unas semanas un concurso para un mercado en Sanchinarro bajo la premisa de "queremos un ejemplo de arquitectura singular". El alcalde de Alicante improvisaba en una rueda de prensa sobre la remodelación del estadio José Rico Pérez: unas torres de 120 metros por aquí, un hotel por allá, cuarto y mitad de comercios y un puñado de restaurantes… "Madrid y Valencia tienen sus torres y yo no me opongo", oiga. De esos proyectos y sus resultados empezaremos a leer noticias en poco tiempo. Ahora son Valencia y Santiago el epicentro del histerismo de la política de inversiones.

La Ciudad de la Cultura (CdC) ha dado sobradas muestras de en qué puede desembocar un estudio económico improvisado a ritmo de muñeira. Improvisado por inexistente. Intentando solventar el inconveniente de que todos los años no pudieran ser jacobeos, Santiago de Compostela necesitaba otro reclamo turístico, y nada mejor que un macroproyecto de repercusión mundial para recuperar a los peregrinos perdidos. Manuel Fraga se preguntaba en Extremadura, en unos de los primeros mítines de la democracia, "para qué querían los extremeños una Universidad". Tal vez si se hubiera parado a pensar que la tradición operística de Santiago debe andarle a la zaga a la de Angola, el desvío presupuestario de la CdC no hubiera llegado al 300%, y los presupuestos gallegos destinados cultura y deporte (184 millones de €) no se verían comprometidos en casi un 30% anualmente sólo para su mantenimiento (casi 55 millones de €). Pero todo era para mayor loa del que manejaba la caja y "lo del presupuesto", era un puro trámite administrativo.

Por otra parte, la Ciudad de las Artes y las Ciencias (CACSA)  acumula ya un desfase del 260%, y numerosas críticas en lo referente a su funcionalidad –aunque eso sea harina de otro costal-. En los más de 220 millones "distraídos" no está incluida la cimentación que llegó a ejecutarse para una propuesta anterior y que fue desechada. Una cifra –la de la cimentación- de la que todo el mundo conoce su existencia pero nadie su cuantía. Pero todo es poco cuando "se trata de dignificar la ordinariez de la periferia, para hacer soñar a la gente que vive en sitios mejores". (palabras de Santiago Calatrava en El País). Efectivamente, entre tener una vivienda de 90 metros cuadrados o un zulo con vistas al Palau, es mucho más edificante lo segundo. Y tal vez por eso, para seguir haciendo de los valencianos los españoles con las periferias más dignas, la alcaldesa solicita este año, además de los 409 millones de euros que le corresponden en materia de inversión, otros 866,9 más en concepto de "valencianía". Recuerda a aquella canción de "españolear" pero en versión autonómica.


Pero, ¿esto es hacer ciudad?
Juan Bollaín, arquitecto y cineasta, fantaseaba críticamente en el corto "Sevilla 2030" con el nombramiento de la capital andaluza como "Ciudad del Hombre y Primer Modelo Mundial de Ciudad" por parte de Luanda. Sevilla ha hecho del turismo su principal fuente de ingresos, y las primeras imágenes muestran una ciudad copada de iconos arquitectónicos: una copia de la Torre Eiffel, otra del Taj Mahal... Con ironía desmedida intenta explicar qué significa hacer ciudad. Y hacer ciudad es más que coleccionar hitos o, abundando en la idea, tiene poco que ver con ello. "Oiga, tenemos Isozakis, Calatravas, Legorretas… y todo incluido en un solo billete de avión". El mismo Gehry, al ver su Guggy rodeado de otros tantos iconos del star-system comenta con sorna: "somos amigos, somos compañeros y a ninguno nos gusta la obra de los demás."   

Poco importa el batiburrillo final si a quien paga los honorarios le salen las cuentas en concepto de visitas recibidas. Poco importa que el perfil de las ciudades españolas –y mundiales- se unifiquen hasta el punto de convertirse en idénticas. Poco importa que el presupuesto engorde siguiendo una función exponencial. La Administración Pública, esa que "somos todos", maquillará las sonrojantes cifras desviadas como acostumbra: acorralará al arquitecto y a la dirección técnica y después empezará a repetir el mantra de las indefiniciones técnicas ad infinitum, hasta que el oído del contribuyente sólo sea capaz de recordar: "es que al arquitecto se le fue de las manos, es que el arquitecto no tenía ni idea, es que… es que…". Pero se nos olvida que esas indefiniciones técnicas no eran importantes cuando sólo había prisas para conseguir el tan ansiado impacto, y además, los políticos nunca tienen responsabilidades en materia de arquitectura.

Conseguir un sitio en el mundo -en las revistas de viajes al fin y al cabo- es muy caro, sobre todo para los ciudadanos de a pie, que pierden miles de millones de euros susceptibles de ser utilizados en, pongamos por ejemplo ¿vivienda protegida?, ¿sanidad?, ¿una oferta cultural aceptable sin tener que desplazarse a otra ciudad?, por un deseo incontrolable de proyección internacional y exaltación del propio ego del que encarga que, en algunos casos, no acaba respondiendo a las expectativas creadas. El traje nuevo del emperador encandila y ciega a partes iguales y reduce la sostenibilidad de la arquitectura al interior de los despachos de los ayuntamientos. El único sitio donde parece que siempre cuadran las cuentas.

Ah, ¡y tonto el último!.

(Esta entrada se publica también en soitu.es)

21/10/07

Las brujas del Canal

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(Foto arqtipo)

Igual que Jorn Utzon tuvo que abandonar Sidney dejando su Ópera a medio terminar mientras investigaba nuevos métodos constructivos con los que izar las cúpulas autoportantes –que le dieron fama mundial a la ciudad-, Baldeweg ha sido apartado de la dirección de los Teatros del Canal por la vía rápida. Con un burofax y sin conversación mediante.

Los motivos que esgrime el gobierno regional para rescindir su contrato –imprevisión de instalaciones de climatización, estructuras de sección insuficiente- se antojan un desprecio a la inteligencia de los ciudadanos en general y de los profesionales de la arquitectura en particular. Hasta 300. Ya son motivos. Los errores de tabulación de las memorias también habrán sumado.

La custodia del que está llamado a ser el mejor teatro de España se ve de repente arrebatada por el Departamento de Arquitectura del Canal de Isabel II, mientras suenan de fondo los sempiternos egocentrismos políticos que no entienden de colores. Moneo también se quedó compuesto y con los planos del nuevo ayuntamiento de Sevilla por idénticos motivos.

El problema de Baldeweg ha sido su pasaporte y no ser hijo predilecto de ningún ayuntamiento. De no haber sido español, el analfabetismo –arquitectónico- imperante en la clase política le hubiera dedicado las cucamonas que le prodiga a otros, aunque sus presupuestos se desvíen más de un 300%. Pero es que en España cuesta mucho ser profeta.

Jorn Utzon fue nombrado doctor Honoris Causae en 2003 por la Universidad de Australia después de –tal vez- un ejercicio de examen de conciencia, sonrojo y dolor del corazón. Ese mismo año, la Fundación Hyatt le concedió el Pritzker. Si en algo las historias se repiten, también ésta podría tener el mismo final .

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Update: Reacción de algunos arquitectos españoles

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Si quieres pedir un "trato humano" también para Juan Navarro, envia un mail a apoyoajuannavarro@yahoo.es

26/09/07

Fiebre futbolera

Globo

Aún sin tiempo para sobreponerse de la resaca de bodegas de autor, habrá que ir poniéndose cómodo para disfrutar del Mundial de Fútbol que se avecina. Afortunadamente, el mundo de fútbol pocas veces padece problemas de solvencia económica -sobre todo desde que a gran parte de los constructores les da por comprarse un equipo para lavar más blanco-, porque al fichaje de todos esos divinos del balón hay que sumar el no menos espectacular presupuesto de los celebérrimos diseñadores de sus instalaciones.

Y es que, el que no tiene en su haber una bodega, algo en China, un estadio de fútbol o no sale en El Croquis, está muerto. Éstos, sin embargo, están muy vivos:

· Norman Foster, Nou Camp Nou (Barcelona F.C.)
· Estudio Lamela, Nuevo Estadio de Son Moix (R.C.D. Mallorca)
· Alejandro Escribano, Nou Mestalla (Valencia C.F)
· ACXT Arquitectos, Nuevo Pasarón (Pontevedra C.F)
· César Azcárate, Nuevo Estadio San Mamés (Athlétic de Bilbao)
· Eren Talu, Nuevo Ali Sami Yen (Galatasaray F.C.)
· Herzog & De Meuron, Nuevo Estadio Portsmouth (Portsmouth F.C., UK) y Estadio Olímpico de Pekin (JJOO)


Alberto Fabra
, sin embargo, no quiere un estadio. Sólo quiere una maqueta para finales de 2008 -hay tiempo, imagino-, pero una maqueta vanguardista de primera línea en consonancia con los impulsos de modernización de la capital, del crecimiento demográfico y de las expectativas de un Castellón en 1ª División en el próximo lustro.

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